Dónde empieza y termina tu producto digital
We are swimming upstream against a great torrent of disorganization, which tends to reduce everything to the heat death of equilibrium and sameness. The more information we get, the more we have to struggle to classify it, to organize it into meaningful patterns. The world is not a mere chaos, but it is no simple order either. It is a dance of organized complexity.
Norbert Wiener, Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine
En algo tan prosaico como lo que estas semanas está sucediendo alrededor de LALIGA, su bloqueo de IPs en el entorno de Cloudflare que se interpretan como alojadoras de contenido ilegal, y los numerosos y ramificados efectos en distintos terceros, toma relevancia un tema con el que convivimos diariamente las personas que nos dedicamos a crear y desarrollar productos digitales: ¿con tantas capas y piezas que intervienen en ellos, cómo marcar la frontera entre lo que es "propio" del producto y lo que es "ajeno"?
Cuando tu producto "se cae" y es debido a una de esas piezas (un sistema de caché, un servidor de DRMs, un simple gestor de almacenamiento o unos pagos gestionados a su vez por sistemas gestionados a su vez por sistemas...), las organizaciones suelen reaccionar buscando esas fronteras, e incluso comunicándoselas a sus clientes: "no somos nosotros, es el proveedor de red que está teniendo problemas".
Esta naturaleza interdependiente y dinámica (¿embrollada?) es un reto para nuestros cerebrines, y por eso solemos responder de esa forma tan tosca: es nuestra forma de negar que la cosa sea tan compleja como realmente es.
Así que tenemos este estupendo acertijo entre manos: tus clientes solo tienen UNA experiencia a partir de tu producto, de modo que cualquier cosa que pase ahí, es cosa TUYA. Lo mejor que puede hacer cualquier organización cuyo negocio dependa de esto es empezar a entender mejor cuántas capas intervienen, y de qué forma, para llegar a producir esa experiencia con más control, juicio y responsabilidad.
