Inventas para otras personas

Drucker dijo que un producto bien entendido se vende solo. La frase se lee como promesa sobre vender; es en realidad una exigencia sobre entender.

21 de noviembre de 2024
Inventas para otras personas

The aim of marketing is to know and understand the customer so well that the product or service fits them and sells itself.

— Peter Drucker

La frase se cita constantemente y casi siempre por la mitad equivocada. Lo que se recuerda es sells itself. Lo que importa es know and understand.

Leída como promesa sobre vender, es ingenua: han muerto muchos productos bien entendidos por falta de distribución. Leída como exigencia sobre entender, es una de las cosas más severas que se han dicho del trabajo de producto, porque coloca el esfuerzo antes de construir y no después.

La persuasión como diagnóstico

Aquí se esconde una inversión útil. Si un producto encaja lo bastante bien, la mayor parte del convencer ya lo ha hecho el encaje. Lo que significa que la cantidad de persuasión que un producto necesita es información sobre lo bien que se entendió.

Las organizaciones rara vez lo leen así. Cuando la adopción va lenta, el reflejo es añadir persuasión: tours de onboarding, avisos dentro del producto, una secuencia de correos, un webinar. Cada una de esas cosas se puede justificar por separado y cada una responde en silencio a la pregunta equivocada. Tratan el hueco como un problema de comunicación cuando con frecuencia es un problema de comprensión, y los problemas de comprensión no responden al volumen.

El planteamiento de Drucker en Managing for Results es más seco que la cita: el cliente define el negocio, y el negocio suele ser el último en enterarse. La definición ocurre fuera del edificio, en una vida a la que la compañía no tiene acceso, y se le revela despacio y de forma costosa a través de la conducta.

El problema es la proximidad, no la soberbia

El modo de fallo no es que los equipos desatiendan a sus usuarios. Es que los equipos son los usuarios más disponibles que tienen.

Conoces el dominio. Navegas tu propio producto sin fricción porque construiste los caminos. Tus intuiciones llegan con la textura de la evidencia, porque son evidencia: sobre una persona, en una situación no representativa, con un contexto no representativo. Es un sesgo difícil de sentir desde dentro, y leer más sobre empatía no lo toca.

Lo que sí lo toca es la estructura. Teresa Torres defiende el contacto continuo frente a los proyectos periódicos de investigación, y el mecanismo importa más que la cadencia: una conversación semanal que no puedes saltarte produce una conducta distinta a la de un estudio trimestral que puedes encargar y después ignorar. La aportación de Steve Portigal es el oficio de la conversación misma, que consiste sobre todo en la disciplina de no hacer preguntas que premien la respuesta que quieres.

Christensen y Ulwick lo atacan por el otro lado. Deja de preguntar qué quiere la gente y pregunta qué trabajo está intentando resolver, o qué resultado está intentando conseguir. El reencuadre funciona porque aparta el objeto de estudio del producto —donde el cliente no sabe nada útil— y lo lleva a su situación, donde es el único experto disponible.

Inventar para otro

La frase a la que vuelvo es que inventas para otras personas. Suena obvia hasta la banalidad, y he visto muchísimas decisiones que no sobrevivirían a que alguien la dijera en voz alta en la sala.

Porque el corolario es incómodo. Si inventas para otras personas, entonces tu gusto no es el árbitro, tu comodidad no es un requisito, y la elegancia del modelo interno no vale nada si no se corresponde con una vida de fuera. Un producto no es un autorretrato, por mucho que la hoja de ruta se le parezca.

El memorándum de Neil McElroy de 1931 —tres páginas que inventaron la gestión de marca— asignaba a una persona la responsabilidad completa de una marca precisamente para que alguien respondiera de la mirada exterior. Casi un siglo después la estructura sobrevive, y la razón por la que existe no siempre viaja con ella.

La versión de la empatía de Indi Young es la menos sentimental y la más útil: no es sentir lo que otro siente, es construir un modelo preciso de cómo piensa, incluidas las partes que te irritarían si te lo cruzaras. Precisión, no simpatía. Se puede hacer un buen producto para alguien con quien no cenarías. No se puede hacer para alguien a quien no te has molestado en entender.