Hablo con Dani Diestre sobre el Instituto Tramontana
Segunda conversación con Dani Diestre: humanidades en lo digital, calcular, trazar, hablar y escribir, y por qué producto digital es complejo.

Como en la primera conversación se nos quedaron temas para desarrollar, nos volvimos a ver, esta vez para combinar producto digital e Instituto Tramontana, donde imparto el programa de dirección y cultura de producto.
Una perspectiva enriquecida
Hablamos sobre cómo el Instituto Tramontana propone que lo digital se profesionalice incorporando materiales de otras disciplinas, con especial atención a las ciencias sociales y a las humanidades.
El siglo XX es el siglo que consigue hacer operativa la incertidumbre en distintos ámbitos. La economía aprendió a distinguir el riesgo de la incertidumbre; la estadística, a decir algo sensato sobre lo que no se ha observado; la gestión industrial, a trabajar con variabilidad en lugar de negarla; la antropología, a describir prácticas sin reducirlas a un procedimiento.
El terreno que pisa lo digital no es nuevo, ni tiene por qué sentir que las coordenadas de riesgo con las que trabaja son totalmente desconocidas. Sí que tiene esta rara propiedad de ser como una mancha de aceite, que lo transforma todo. Debemos apoyarnos en lo que ya conocemos para manejar mejor esa transformación.
Lo contrario —y es lo que suele ocurrir— es reinventar mal, cada cinco años y con nombre nuevo, lo que otros oficios llevan un siglo pensando bien.
Calcular, trazar, hablar, escribir
Debatimos sobre la importancia que le concedo a las cuatro acciones recurrentes y decisivas para poner en juego nuestro juicio cuando dirigimos producto digital. A lo largo del programa fomento la práctica de la comunicación, en todas sus dimensiones, para afianzar una voz propia.
Cuando inventamos en digital nos movemos en una frecuencia muy concreta: unos grados más por encima del detalle, unos grados más por debajo del concepto. Trazamos, calculamos, hablamos y escribimos en la frecuencia del punto gordo.
Es una frecuencia incómoda, porque no ofrece las coartadas de los extremos. Por debajo está el detalle, donde siempre se puede parecer riguroso sin decidir nada. Por encima está el concepto, donde siempre se puede parecer estratégico sin comprometerse con nada. En medio hay que elegir, y elegir se nota.
Producto digital es complejo
Expliqué mi convencimiento en que el impacto de los productos digitales que creamos suele estar a otro nivel de la forma en que lo hacemos. Todavía nos acompaña un pensamiento y una acción salvajes sobre un material con el que no acabamos de entendernos.
Es un desajuste raro: construimos artefactos que median en la vida de millones de personas con hábitos de trabajo que no soportarían el escrutinio de ningún otro oficio de consecuencias comparables. El programa parte de este problema y se concentra en elevar el nivel, para que las personas puedan mejorar sus propias organizaciones.
No se trata de enseñar un método. Se trata de que alguien salga con criterio propio y con el vocabulario para defenderlo el lunes por la mañana, delante de gente que no ha leído lo mismo.