How the system works

Charles C. Mann llama catedrales de nuestra era secular a las redes que nos sostienen. Los productos digitales heredan esa invisibilidad y la agravan.

23 de febrero de 2025

Si algo caracteriza a los productos digitales es su naturaleza sistémica. Con sus propias reglas, si la comparamos con otros tipos de sistemas como los que explica Charles C. Mann en su serie de artículos en The New Atlantis, ilustrados estupendamente por Julie Wallace.

The great European cathedrals were built over generations by thousands of people and sustained entire communities. Similarly, the electric grid, the public-water supply, the food-distribution network, and the public-health system took the collective labor of thousands of people over many decades. They are the cathedrals of our secular era. They are high among the great accomplishments of our civilization. But they don't inspire bestselling novels or blockbuster films. No poets celebrate the sewage treatment plants that prevent them from dying of dysentery. Like almost everyone else, they rarely note the existence of the systems around them, let alone understand how they work.

We Live Like Royalty and Don't Know It, Charles C. Mann

Lo que hace fuerte el argumento de Mann es que la invisibilidad no es un descuido cultural: es la firma del éxito. Un sistema de agua potable bien construido se manifiesta como ausencia de noticias. Solo aparece cuando falla, y entonces aparece como escándalo, nunca como catedral.

Los productos digitales heredan esa condición y la complican. La complican, primero, en la forma del fallo. Una red eléctrica cae del todo y el apagón es inequívoco: se sabe que ha ocurrido y se sabe cuándo. El software rara vez concede esa claridad. Se degrada, responde con dos segundos de retraso, devuelve datos incorrectos sin dejar de responder, funciona para el noventa por ciento y no para el resto. Vive en un estado intermedio permanente que ningún cuadro de mandos captura del todo.

Y la complican, segundo, en la forma de la comprensión. La depuradora nos resulta opaca y lo sabemos; nadie confunde ver una tubería con entender un sistema hidráulico. El software, en cambio, ofrece una ilusión de transparencia. Vemos la interfaz, la manipulamos, obtenemos respuestas, y esa familiaridad nos convence de que sabemos lo que hay debajo. Es una confusión cómoda que atraviesa tanto a quien usa el producto como a quien lo dirige, y de la que ya escribí en "Dónde empieza y termina tu producto digital".

Queda una consecuencia práctica, poco agradecida. Si la invisibilidad es la firma del éxito, entonces la mayor parte del trabajo que sostiene un producto digital nunca podrá presentarse como logro. Nadie celebra la migración que no rompió nada, el certificado renovado a tiempo, la dependencia actualizada antes de que se convirtiera en vulnerabilidad. Las organizaciones que solo saben reconocer lanzamientos están, sin proponérselo, enseñando a sus equipos a no cuidar las catedrales.